martes, 25 de febrero de 2014

Cuentos para imaginar

EL YESQUERO MÁGICO

Érase una vez un soldado que volvía de la guerra más pobre que una rata, cuando en medio del camino le salió al paso una bruja vieja y feísima y le dijo que, como era tan buen mozo, le diría dónde encontrar mucho dinero. El soldado, muy sorprendido, preguntó qué era lo que tenía que hacer. -sólo tienes que trepar a ese árbol hueco de ahí y bajar por dentro del tronco. Yo te ataré con esta cuerda y, cuando me avises, te ayudaré a subir.

 -¿Y qué hay dentro del árbol? -preguntó el soldado. -hay tres puertas que dan a tres habitaciones. En la primera, hay un cofre lleno de monedas de cobre y un perro con los ojos tan grandes como tazas, en la segunda hay un cofre lleno de monedas de plata y un perro con los ojos como ruedas de molinos, y en la tercera, un cofre lleno de monedas de oro y un perro con los ojos como torres. Los tres perros son guardianes terribles, pero si consigues que se sienten en mi delantal de cuadros azules y blancos, te dejarán coger cuantas monedas quieras. -¿y usted qué quiere a cambio? -preguntó el soldado, porque las brujas siempre piden algo a cambio de sus favores. -tráeme un yesquero que mi madre se dejó allí la última vez que bajó. -de acuerdo, átame la cuerda a la cintura.



La bruja se la ató y le dio el delantal; el soldado trepó al árbol, bajó por el tronco hueco y, al abrir la primera puerta, dio un perro con los ojos como tazas. -¡hola, perrito simpático! -dijo el soldado y, sin perder un momento, lo cogió en brazos, lo sentó en el delantal y se llenó los bolsillos de monedas de cobre. Después abrió la segunda puerta y, tal y como dijo la bruja, encontró un perro con los ojos como ruedas de molino. ¡No me mires tanto que te vas a gastar la vista! -bromeó el soldado, mientras ponía al perro en el delantal. Luego abrió el arca y, al ver tantas monedas de plata, tiró las de cobre y se llenó los bolsillos y la mochila con las de plata. Finalmente, abrió la tercera puerta y.... ¡el perro que había allí tenía los ojos tan grandes como torres y los hacía girar como una noria!


¡fiiir-mes! -dijo el soldado, cuadrándose como si saludara a un capitán, porque jamás había visto un perro como aquél. pero hizo igual que con los otros dos, luego abrió el baúl y.... ¡oh!. ¡qué maravilla! había oro de sobra para comprar una ciudad entera. tiró las monedas de plata y se llenó los bolsillos, la mochila, y hasta las botas de monedas de oro. ¡súbame ya, señora! -gritó con impaciencia. -¿has cogido el yesquero? -le preguntó la fea bruja. -¡caramba, se me había olvidado! -exclamo. corrió a buscarlo y en cuanto lo encontró, la bruja lo ayudó a salir. el soldado, al verse otra vez en el suelo, sano, salvo y archimillonario, preguntó a la bruja por qué era tan importante el yesquero.



 -A ti no te importa -contestó ella con muy malos modales-. tú ya tienes lo que te prometí, así que dame el yesquero y en paz. ¡ni hablar! o me dice por qué es tan importante o le corto la cabeza -replicó haciéndose el fanfarrón, y la bruja, muy asustada, echó a correr sin yesquero ni nada. el soldado quedó con todo y siguió andando, mas cargado que una mula pero contento como unas pascuas. llegó a una gran ciudad, alquiló la mejor habitación de la mejor posada y pidió que le sirvieran sus manjares preferidos. al día siguiente, después de darse un baño, se fue de tiendas y se compró ropa elegante y buen calzado. más tarde, el posadero le contó que en la ciudad vivía una princesa muy bella, pero nadie podía verla porque su padre, el rey, la había encerrado en una torre.

 -¿Y por qué la ha encerrado? -preguntó- -porque unos adivinos predijeron que se casaría con un simple soldado y el rey quiere evitarlo a toda costa -contestó el posadero-. por eso no la dejan salir ni conocer a nadie. al soldado le entraron ganas de conocer a la princesa pero no se le ocurría cómo hacerlo, así que se dedicó a vivir a lo grande derrochando el dinero a manos llenas. sin embargo, como sabía lo difícil que es vivir sin un céntimo, daba mucho a los pobres. pero llegó el día en que no le quedaba ni para velas y tuvo que irse a dormir a un oscuro sótano. por la noche, en medio de la oscuridad, se acordó del yesquero. lo sacó, lo frotó, y entonces apareció el perro de los ojos como tazas. ¿que manda mi amo? -preguntó el perro. ¡vaya con el yesquero! exclamo el soldado-. ¿de verdad hará todo lo que le mande? vamos a ver: ¡tráeme dinero, rápido! -el perro salió corriendo y volvió llevando en la boca una gran bolsa repleta de monedas.

Y así fue como descubrió lo valioso que era el yesquero. si lo frotaba una vez, acudía el perro de las monedas de cobre, si lo frotaba dos, acudía el de las monedas de plata y si lo frotaba tres, acudía el de las monedas de oro, y lo obedecían sin chistar. ¡menuda suerte! ¿verdad? el soldado volvió a ser archimillonario y se compró la casa más bonita de la ciudad. pero una noche volvió a acordarse de la bella princesa encerrada, frotó el yesquero, y enseguida apareció el perro de los ojos como tazas. -perdona que te llame tan tarde -le dijo al perro-, pero me gustaría ver a la princesa, aunque sólo fuera un momento.


El perro se marchó y volvió en un abrir y cerrar de ojos con la princesa en el lomo. Al soldado le pareció más bonita aun de lo que decían pero, cuando iba a preguntarle cómo se llamaba, el perro se la llevó tan rápidamente como la había traído... y es que, como le había dicho que sólo quería verla un momento, ¡el perro obedeció la orden al pie de la letra! pasó todo tan deprisa que la princesa creyó que lo había soñado, y así se lo contó a sus padres. el rey y la reina se quedaron muy preocupados por si el sueño se convertía en realidad, pero como la reina era muy ingeniosa, se le ocurrió una estratagema para descubrir si la princesa se levantaba por la noche. cogió una bolsita de seda y le hizo un agujero, luego la lleno de fina harina y se la ató a la princesa en el lazo que llevaba en la cintura sin que lo notara.


Aquella noche, cuando el perro se llevó a la princesa, la harina fue cayendo por todo el camino pero ninguno de los dos lo vio. por la mañana el rey y la reina siguieron el rastro de harina y descubrieron dónde había estado su hija. entonces, muy enfadados, mandaron encarcelar al soldado y lo sentenciaron a la hora. -¡qué desgracia la mía! -suspiraba el soldado en la celda-. si tuviera aquí el yesquero mágico... en esto, un zagalillo más listo que el hambre acertó a pararse junto a los barrotes a atarse la zapatilla, que se le había desatado de tanto correr. ¡eh, zaga! -le dijo el soldado-. si quieres que tanto correr te sirva de algo, vete volando a mi casa, que es la más bonita, y tráeme un yesquero que tengo allí. si lo hacer rápido y bien, te daré cuatro doblones de oro. el niño echó a correr como alma que lleva el diablo y, en un visto y no visto, volvió con el yesquero. el soldado le dio las gracias y los cuatro doblones. entretanto el rey y la reina ya se habían sentado en el palco real para presenciar la ejecución. al cabo de un rato, los carceleros llevaron al soldado ante ellos.

-Majestades -dijo el soldado-, concededme el último deseo. quiero fumar una pipa, pues nunca podré darme ese gusto otra vez. -que así sea -dijeron sus majestades, incapaces de negárselo. el soldado sacó el yesquero, lo frotó tres veces, y al momento aparecieron los tres perros con sus ojos enormes. se abalanzaron los tres sobre el palco real, y el rey y la reina, muertos de miedo, pusieron pies en polvorosa para nunca más volver. ¡viva el soldado! ¡viva la princesa! -empezó a gritar la multitud. ¡viva yo! -exclamó el zagalillo avispado, alegre como unas castañuelas. y desde entonces, la princesa, el soldado, los tres perros, el zagalillo y los niños de la ciudad fueron felices y comieron perdices.

FIN

Cuentos de animales



EL NOMBRE DE LA TORTUGA

Esta es la historia de dos perros grises y enormes, Miriam y Samuel, que viven en Navalafuente con su amiga la tortuga, que se encontraba un poco despistada porque había perdido su nombre, y no era capaz de encontrarlo.
Samuel y Miriam, para dejar tranquila a la tortuga y que se acordase dónde había puesto su nombre, se fueron a dar un paseo por el parque, con tan mala suerte que en seguida les alcanzó una fuerte tormenta que les obligó a volver corriendo a casa.
Pero la tortuga seguía sin saber dónde había puesto su nombre. Menos mal que Miriam y Samuel tenían buen oído porque empezaron a escuchar un tenue ruido, un susurro. Convencidos que el sonido que se escondía en este leve susurro era el nombre de su amiga la tortuga, comenzaron a seguirlo. Once días estuvieron corriendo, después otros dos días, pero no llegaban al origen del sonido. Y cuando parecía que ya habían llegado, falsa pista. Tuvieron que andar otros 20 días. Ya no podían más, pero todavía no eran capaces de descifrar su nombre.
Depende de la dirección del viento podían escucharlo más o menos, ya empezaron a distinguir un eco en este sonido: maa, maa, maa,… Escuchaban. Y seguían este hilo sonoro ya casi sin fuerzas, a la pata coja, arrastrándose, como podían. La tortuga empezó a sonreír, porque ya empezaba a recordar dónde había puesto su nombre. Y es que este lugar lleno de montañas y lagos en el que estaban le resultaba familiares. De repente se acordó. Aquí vivía su primo el tortugón, que había visitado la semana anterior. Se le habría caído el nombre cuando se bañó en el gran lago. Se veían las ondas desde donde salían pompas, entre glu glus, que al explotar decían ma, ma, ma,… La tortuga se tiró, y después de unos segundos de buceo, salió con una gran sonrisa, mientras decía: ¡mi nombre es Saima!

Cuentos clásicos

CAPERUCITA ROJA

Había una vez una niña muy guapa. su mamá le había hecho una bonita capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba caperucita roja.

Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.

Caperucita recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. la niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: pájaros, ardillas…de repente vio al lobo, muy grande, enfrente de ella y le pregunto: ¿a dónde vas? A casa de mi abuelita -le dijo la niña, el lobo pensó que no estaba lejos.

Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: -el lobo se ha ido- pensó, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles.

Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la abuelita, llamó a la puerta y la anciana le abrió pensando que era caperucita. Un cazador que pasaba por allí lo vio todo. el lobo devoró a la abuela y se disfrazó de ella, luego se metió en la cama de la abuelita.

No tuvo que esperar mucho, pues caperucita llegó rápido. La niña se acercó y vio que su abuela estaba muy cambiada.-abuelita, abuelita, ¡que ojos más grandes tienes!-son para verte mejor- contesto el lobo-abuelita, abuelita , ¡que orejas más grandes tienes!-son para oírte mejor, -contesto el lobo-abuelita, abuelita , ¡que dientes más grandes tienes- son para ¡¡¡¡comerte mejorr aaa! y diciendo esto, el lobo se abalanzo sobre la niña y la devoró.

Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado creyendo adivinar las malas intenciones del lobo y decidió echar un vistazo a ver si todo estaba bien. Pidió ayuda a un serrador y los dos llegaron a la casa de la abuelita. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tanto comer.

El cazador saco un cuchillo y rajo el vientre del lobo. la abuelita y caperucita, estaban allí vivas. Para castigar al lobo, el cazador le llenó el vientre de piedra y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó, sintió mucha sed y se fue a un estanque cerca para beber. Como las piedras pensaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.

En cuanto a caperucita y su abuelita, no sufrieron más que un gran susto, pero caperucita había aprendido la lección. Prometió a su abuela no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino. de ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su abuela y de su mamá.

Psra visualizar el cuento, pulse en el siguiente enlace: http://www.youtube.com/watch?v=sm1c1gVAnDE